Lo que comenzó como una obra de arte monticular terminó convirtiéndose en un manicomio de extrainnings. Los Medias Rojas de Boston completaron este domingo una de las hazañas más improbables de su temporada al vencer 5-4 a los Yankees de Nueva York en 10 entradas, sellando una humillante barrida de cuatro juegos ante sus eternos rivales.
Con este resultado, los Yankees, que llegaron a la serie presumiendo el mejor récord de la Liga Americana, caen de la cima de la División Este, cediendo el primer lugar a los Rays de Tampa Bay. Por su parte, Boston, sepultado en el fondo de la división, saborea una barrida de cuatro juegos sobre Nueva York que no conseguían desde la temporada de 2018.
Resumen de el juego.
Fuente oficial.
MLB
Durante siete entradas, el juego tuvo un solo dueño: Sonny Gray. El abridor de los Medias Rojas salió inspirado contra su exequipo y coqueteó seriamente con la inmortalidad. Gray no permitió libertades y retiró a la ofensiva neoyorquina sin hits hasta el octavo episodio.
En el camino, el veterano derecho grabó su nombre en los libros de historia al conseguir el ponche número 2,000 de su carrera. La magia del “no-hitter” se rompió finalmente con un out en la octava, cortesía de un sencillo al jardín izquierdo de Amed Rosario, pero el daño ya estaba hecho: Gray se marchó ovacionado tras una joya de 9 ponches.
Tensión, expulsión y el colapso del noveno
El ambiente de postemporada se sintió en la sexta entrada cuando la frustración de los Yankees estalló. El camarero estrella Jazz Chisholm Jr. fue expulsado tras reclamar airadamente al umpire de manera consecutiva un polémico tercer strike en un check-swing.
Boston ganaba con comodidad 2-0 y parecía tener el triunfo en el bolsillo en la novena alta, pero la defensa traicionó al cerrador cubano Aroldis Chapman. Un costoso error en el tiro del jardinero derecho Wilyer Abreu le abrió la puerta a José Caballero para anotar la primera de Nueva York. Poco después, Paul Goldschmidt remolcó la del empate con una jugada de selección que congeló Fenway Park.
La décima entrada fue un sube y baja de emociones no apto para cardíacos. Los Yankees recuperaron la memoria ofensiva y fabricaron dos carreras en la parte alta gracias a batazos oportunos de Rosario y Austin Wells (aprovechando otra pifia defensiva de Abreu), poniendo la pizarra 4-2.
Pero Boston guardaba su mejor respuesta para el final ante los envíos de Fernando Cruz:
- Anthony Seigler encendió la chispa con un sencillo remolcador.
- Masataka Yoshida castigó a Cruz con un doblete salvaje que puso a temblar el Monstruo Verde.
- Tsung-Che Cheng empató el encuentro 4-4 con un elevado de sacrificio profundo.
Con la carrera de la victoria en la tercera base y un solo out, el manager de los Yankees ejecutó un movimiento a la desesperada: sacó al jardinero izquierdo Amed Rosario para colocarlo en el cuadro, armando una inusual defensa de cinco infielders.
La estrategia fue en vano. Jarren Durán descifró un pitcheo de Cruz y conectó una línea contundente hacia la pradera derecha —completamente desierta por el movimiento táctico— para vestirse de héroe, sellar el triunfo 5-4 y desatar la euforia colectiva en Boston.
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